La fuente de esta noticia es: EMOL Durante décadas, cuidar la salud física fue sinónimo de encerrarse en el gimnasio a transpirar, independientemente de lo que se hiciera durante el resto del día. Hoy sabemos que esto es un error. Se puede correr cinco kilómetros a la mañana, pero si después se pasan nueve horas inmóviles en una silla, el cuerpo sufre las consecuencias. Estudios recientes demuestran que ráfagas de dos a tres minutos de movimiento de alta intensidad repartidas a lo largo del día pueden prevenir enfermedades y contribuir al bienestar.
Una buena estrategia laboral puede ser incorporar una pausa activa cada 60 a 90 minutos. El objetivo es recordarle al cuerpo que fue diseñado para moverse. “No se trata de reemplazar el gimnasio, la fuerza o el entrenamiento, sino de sumar movimiento donde antes había inactividad. La mejor actividad física es la que se puede sostener en el tiempo. Los exercise snacks son una herramienta simple para transformar un día sedentario en uno más activo”, asegura Palavecino.
– Evitar el ascensor y subir las escaleras a ritmo rápido de 1 a 3 minutos.
– Hacer sentadillas entre tareas o llamadas.
– Hacer flexiones de brazos contra una pared o escritorio.
– Realizar caminatas rápidas de 5 minutos después de comer.
– Elevar talones (gemelos) mientras se espera una reunión o mientras se toma un café.
– Realizar pausas de movilidad: rotaciones de tronco, brazos y cuello.
– Caminar mientras se habla por teléfono.
– Stretching o estiramientos breves (20 segundos por grupo muscular), utilizando la silla y el escritorio como elementos.
Las microdosis de ejercicio no reemplazan al entrenamiento de fuerza ni a las sesiones de resistencia: su verdadero superpoder es ser una herramienta democrática, accesible y de costo cero para mantenerse activos.




