Mindful walking, la actividad que mejora la salud y fortalece el cerebro: En qué consiste y las claves para practicarla

La fuente de esta noticia es: EMOL En plazas, caminos costeros, senderos de bosque y avenidas, una tendencia se expande como una respiración profunda: el mindful walking o caminata consciente. Nacida en las tradiciones budistas, esta práctica invita a caminar con plena atención, sin prisa, observando cada sensación en el cuerpo y en el entorno

“Se trata de llevar la conciencia plena a la acción de caminar: no solo mover las piernas, sino observar el propio cuerpo, los sonidos, la temperatura, incluso los pensamientos que van y vienen, sin juzgarlos”, explica Margaret Collins, psicóloga clínica y profesora de neurociencia de la Universidad de Oxford.

 – Aceptar las distracciones sin frustrarse: La mente se irá y volverá muchas veces. “La paciencia es parte esencial de la práctica; el objetivo no es eliminar los pensamientos sino no engancharse en ellos”, advierte Laura Kim, terapeuta ocupacional de Berkeley. Reconocer la distracción como parte del proceso, evita la autocrítica y fomenta la compasión hacia uno mismo. Cada vez que la mente se dispersa y vuelve, se fortalece la capacidad de atención plena.

– Evitar el uso de dispositivos o música que interrumpan la atención plena: Aunque para algunos acompañar con sonidos suaves puede ser útil al inicio, “la verdadera experiencia se encuentra en el silencio interno y externo”, recomienda Andrés Molina, neurólogo de la Universidad de Barcelona. La ausencia de estímulos externos facilita la observación de los procesos internos y la sincronía con el entorno natural, potenciando el efecto restaurador del mindful walking.

– Practicar en diferentes entornos para explorar nuevas sensaciones: naturaleza, ciudad, interiores: “Cada espacio ofrece un paisaje sensorial único que enriquece la práctica”, asegura Margaret Collins. Cambiar de entorno obliga a la mente y al cuerpo a adaptarse y descubrir nuevas formas de atención, evitando la rutina y profundizando el contacto con el presente. Desde un parque silencioso hasta la vibración de una calle transitada, cada escenario invita a una experiencia diferente.

– No obsesionarse con la cantidad de pasos o la velocidad: “Los 10.000 pasos diarios son un número arbitrario; lo valioso es la calidad de la atención que brindamos al caminar”, recuerda James Whitmore, cardiólogo de Melbourne. La meta no es alcanzar una cifra, sino cultivar la presencia en cada paso, independientemente del ritmo o la distancia. Esta actitud transforma un acto cotidiano en un acto de cuidado profundo.

– Incorporar pequeñas pausas conscientes durante el día para reencontrarse con el cuerpo y la mente: “Un minuto aquí y otro allá suma y transforma”, dice Erik Johansson. En medio de jornadas laborales o tareas domésticas, detenerse un momento para sentir la planta del pie o respirar con atención puede ser suficiente para recomponer el equilibrio interno. Estas microprácticas favorecen la resiliencia emocional y la claridad mental.

– Mantener la constancia sin rigidez: “El mindful walking es una invitación amable, no una obligación; cada caminata es un reencuentro posible”, concluye Margaret Collins. La flexibilidad para adaptarse al ritmo propio, sin expectativas rígidas, permite sostener la práctica como un acto de amor propio y no como una carga. Así, el camino se vuelve un espacio de libertad y sanación.

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