Ocurrió en 2009: La historia real en que se basa "Un hijo propio", la más reciente producción de la chilena Maite Alberdi

La fuente de esta noticia es: EMOL En 2009, el nombre de Eleonor Alejandra Marín apareció en los medios mexicanos después de que robara a una recién nacida del Hospital General de México para hacerla pasar como su hija.

La historia tenía todos los elementos para convertirse en nota roja: Marín Mendoza, trabajadora administrativa del hospital, fingió estar embarazada durante meses, aumentó de peso para sostener el engaño frente a su familia y, cuando llegó la fecha del supuesto parto, salió del lugar con una guagua de apenas un día de nacida.

Para Ana Celeste, las redes también han creado nuevas presiones sobre cómo deberían comportarse las mujeres, formar una pareja o construir una familia. Como ejemplo menciona el auge de las llamadas trad wives, creadoras de contenido que reivindican roles tradicionales de esposa, ama de casa y madre.

“Se vino esta moda de las trad wives, de regresar a la época donde todas éramos esposas bonitas y sentadas en nuestras casas. Ahora otra vez en redes sociales hay una presión por cómo se deberían ver las cosas, cómo debería ser nuestra relación, cómo deberíamos casarnos y tener hijos”, dice.

La actriz considera que esa exigencia cambia de forma, pero mantiene expectativas sobre lo que una mujer debería querer para su vida, algo que encuentra en la historia de Eleonor Alejandra.

Armando Espitia, quien interpreta a su esposo, coincide en que parte de esa presión proviene de convertir la maternidad en una identidad que termina por definir a la mujer.

“Creo que la maternidad está muy romantizada. Hay algo en la sociedad y en el sistema de medios que hace que el concepto de ser madre te haga inherentemente buena persona y creo que romper esa barrera es necesario. Las mujeres son seres humanos, y tienen derecho a tener toda la complejidad”, afirma.

Esa idea, asegura, también modificó la manera en que mira a su propia madre, al comenzar a pensar en ella fuera de esas expectativas.

“Encontré más amor en mi mamá pensándola como un ser humano y no viéndola como mi mamá. Creo que se le adjudica demasiado a la palabra ‘mamá’, demasiado; es como un checklist de cosas que hay que cumplir“, dice.

Para Espitia, la película también puede llevar esa reflexión a los hombres y a la forma en que escuchan las necesidades de las mujeres.

Me gustaría que los hombres pudiéramos sentarnos a ver esta película y escuchar realmente, reflexionar sobre en qué ocasiones no hemos escuchado a las mujeres, con qué necesidades no hemos lidiado”, concluye.

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