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“Cuando bebía, el tiempo se me escapaba de las manos”, recordó el cantautor en diálogo con la edición británica de The Times este fin de semana. “Tomaba vino al despertarme. Eso era lo que quería para desayunar, una copa de vino. Pero no bebía por la noche, ¿sabes? Así que, para ser honesto, no era consciente de tener un problema“, confesó Collins, que ya había pasado por varias clínicas de rehabilitación, en algunas de ellas internado en contra de su voluntad.
“Estoy tan enfermo y cansado de tu actitud, Jill. No volveré el jueves. No espero que te parezca bien nada de lo que ha pasado, por supuesto que no. Eres tú quien se debe sentir ofendida de que deba elegir estar con otra persona. Tú eres la que tiene el maldito problema. Estoy enamorado de Orianne y deseo estar con ella. Amo a mi hija y volaré para verla cuando tenga un día libre durante la semana. Esto al menos nos mantiene a todos lo más felices posible, dada la situación”, escribió en aquella despedida.
Al parecer, el tiempo ha limado asperezas entre ellos, ya que Tavelman lo está ayudando con una subasta benéfica de objetos personales y de su archivo musical, que tendrá lugar en Los Ángeles el 19 de noviembre próximo.
Este nuevo presente, alejado del alcohol y reconciliado con sus afectos, lo ha ayudado a recuperarse. Tras asegurar que se siente “más sano ahora que en mucho tiempo”, el músico no descarta volver a grabar y actuar. “Sí, lo pensaría. Constantemente me digo a mí mismo: ‘Será mejor que vuelva a mi estudio de grabación'”, confesó en otra entrevista con BBC Breakfast.




